Vivimos en una época que premia la inmediatez: resultados rápidos, respuestas instantáneas, gratificación inmediata. Pero la realidad es que una carrera profesional sólida no se construye en un día, ni en un año, ni siquiera en una década.
La vida profesional, cuando la miras con perspectiva, se parece más a un partido de tenis a cinco sets: largo, cambiante, exigente y, a la vez, apasionante. Un partido en el que no todo depende de ti, pero en el que tu actitud, tu estrategia y tu capacidad de adaptación marcan la diferencia.
Cinco sets. Cinco etapas. Cinco oportunidades para crecer.
Primer set (20-30 años): el inicio del juego
Aquí empiezas a sacar por primera vez en un escenario profesional real. Aprendes las reglas, pero también descubres que muchas veces esas reglas no están escritas. Cometes errores. Te lanzas a bolas imposibles. Cambias de raqueta, cambias de estilo, incluso cambias de pista. Es una etapa de experimentación, de búsqueda. No se trata tanto de ganar como de entender cómo se juega.
Segundo set (30-40 años): definición y consolidación
En esta etapa ya tienes un estilo propio. Conoces tus fortalezas y, sobre todo, tus límites. Empiezas a afinar tu juego. Te arriesgas más. Tomas decisiones que condicionan el desarrollo del resto del partido: qué dirección tomas, en qué entorno profesional te mueves, qué retos eliges enfrentar.
Es también el momento en el que los errores pesan más, y los aciertos empiezan a dar frutos. Pero cuidado: es fácil caer en la trampa de la urgencia y el cortoplacismo. Aquí no gana quien más corre, sino quien mejor lee el partido.
Tercer set (40-50 años): el momento clave
La exigencia aumenta. El rival —la vida, el entorno, el mercado— juega con más fuerza. Tú también tienes más herramientas, pero necesitas saber cuándo defender y cuándo atacar. Tienes más responsabilidades, más personas que dependen de tus decisiones. La presión emocional y estratégica es alta.
Es un set en el que los errores no forzados se pagan caros, pero también es donde puede comenzar la remontada. La experiencia empieza a marcar la diferencia.
Cuarto set (50-60 años): sabiduría y estrategia
Aquí la técnica pesa más que la fuerza. Ya no necesitas impresionar a nadie. Juegas con estrategia, con inteligencia emocional, con visión. Lees el juego como nunca antes.
Puede que no tengas la energía del primer set, pero ahora tienes claridad: sobre ti, sobre los demás, sobre el propósito. Es un set donde se gana con pequeños golpes bien colocados, con decisiones tomadas con cabeza fría y corazón templado.
Quinto set (60+ años): el set de la sabiduría
Muchos creen que a partir de cierta edad solo queda defenderse. Pero los que aman este deporte saben que los partidos épicos se definen en el quinto set.
Aquí juegas con fluidez. No necesitas probar nada. Tu experiencia y tu serenidad te permiten hacer más con menos. Es el momento ideal para compartir, para enseñar, para inspirar. También para disfrutar del juego sin tantas urgencias.
Lecciones del partido
A lo largo de este recorrido, hay momentos dulces y amargos. Ganas puntos brillantes. Pierdes juegos inexplicables. Y de cada set sacas una lección. Aquí algunas de las más importantes:
1. Habrá sets que pierdas.
Y eso no significa que hayas perdido el partido. A veces la vida profesional te golpea con fuerza: una mala decisión, una oportunidad que no llegó, un proyecto que fracasó. La clave está en no salir mentalmente del partido. Puedes perder un set 6-0 y aun así ganar el encuentro. La resiliencia es una virtud subestimada.
2. Habrá golpes del contrario que no puedes evitar.
Cambios en el mercado, disrupciones tecnológicas, reestructuraciones, decisiones que vienen de fuera. Son como esos golpes que caen en la línea, imposibles de devolver. No es culpa tuya. Lo importante es no frustrarte con lo que no controlas, y volver a colocarte para la siguiente bola.
3. Cometerás errores no forzados.
Todos lo hacemos. Son esas decisiones que sabías que no debías tomar. Esos momentos de precipitación, de falta de escucha, de exceso de ego o miedo. La diferencia entre un jugador promedio y uno excelente no es que uno no falle. Es que el excelente aprende de cada error, y los repite cada vez menos.
4. Aunque estés solo en la pista, no estás solo.
Todo gran tenista tiene un equipo detrás: entrenador, fisioterapeuta, psicólogo. En tu carrera, eso son tus mentores, coaches, referentes, amigos honestos, incluso tus rivales. Personas que te dan perspectiva, que te ayudan a ajustar el saque, que te devuelven al foco cuando lo pierdes.
5. El éxito también se mide por cuánta pista cubres.
En el tenis, cubrir más pista significa llegar a más bolas, resistir más intercambios, tener más oportunidades. En lo profesional, cuanta más experiencia combinas con formación continua, más territorio abarcas. Si la experiencia es la subida a la red, la formación es el fondo de pista. Y ambas son necesarias para jugar con solvencia.
6. Saber cuándo atacar y cuándo esperar es clave.
No todo se gana a base de ir a la red. A veces, quedarse en el fondo, preparar el punto, construir con paciencia es lo más efectivo. Alternar ambas posiciones —ataque y construcción, experiencia y aprendizaje— es lo que define a un jugador completo.
7. No importa el marcador. Importa que sigas en el partido.
Tener 50 años y no haber “ganado” todos los sets no significa que hayas fracasado. Significa que has vivido. Que has aprendido. Que tienes cicatrices, sí, pero también una visión que no tenías en el primer set. Lo importante es que sigues en el juego. Y eso es mucho más de lo que parece.
Conclusión: juega el partido que te toca, pero juega el tuyo
Cada uno tiene su estilo, su ritmo, su historia. No se trata de copiar el juego de otro, sino de jugar tu partido con autenticidad, conciencia y propósito. Porque la verdadera victoria no está solo en el marcador, sino en haber estado a la altura del juego. En haber dado todo lo que tenías, en cada set, en cada punto, en cada bola.
Y tú, ¿en qué set estás?
