Somos comunidad

Mi vida, la de mi mujer y la de mis hijos han estado profundamente ligadas a la formación agustiniana. La mía desde el colegio San Agustín de Ceuta y Del Real Colegio Alfonso XII de San Lorenzo del Escorial. Las de mis hijos desde el colegio Valdeluz de Madrid. Allí aprendimos que crecer no es un camino en solitario, sino un viaje compartido, donde el valor de la comunidad nos sostiene y nos impulsa.

Solo en comunidad desarrollamos todo nuestro potencial, porque es con los demás y para los demás como alcanzamos nuestra verdadera grandeza.

En el mundo de la empresa, esto cobra hoy una relevancia especial. Los líderes humanistas no son los que buscan imponer su visión, sino los que saben generar comunidades de confianza, respeto y propósito compartido. Son aquellos que entienden que la serenidad, la justicia y el bien común son el auténtico motor de transformación.

La enseñanza agustiniana me dejó la certeza de que somos más fuertes cuando nos reconocemos parte de algo más grande. Hoy, más que nunca, agradezco a la Orden de San Agustín ese legado: el de construir comunidades vivas, con corazón, que trascienden las aulas y que inspiran también a nuestras organizaciones.

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